Cuento corto El mendigo y su majestad


Dentro de una antología de cuentos cortos que me obsequiaron hace muchos años, encontré una historia que me pareció extraordinaria y hoy quiero relatarla tal y como la recuerdo.

Hace muchísimos años en un reino muy lejano vivía un monarca que solamente se preocupaba por explotar a su pueblo y así obtener la mayor cantidad de riqueza. Las pocas personas que se levantaron contra él, terminaron en la horca.

Sin embargo, un día mientras estaba meditando en el salón principal del palacio un pordiosero se presentó frente a él.

– ¿Cómo pudiste entrar? ¡Guardias, guardias! Vociferó el rey, pero nadie contestó.

– Que no te engañen mis ropajes. De donde yo vengo no necesitamos lujos ni ningún bien material. Estoy aquí porque ha llegado el momento de que me acompañes al averno. Repuso el pordiosero.

El aspecto del hombre cambió, su carne se transformó en hueso y después el esqueleto quedó cubierto por una túnica de color negro.

– Pero si tú eres la muerte.

– Has acertado. Y como ya te dije, he venido por ti para llevarte ante Lucifer.

El rey se puso de rodillas y le suplicó a la siniestra entidad que le diera una segunda oportunidad para enmendar sus errores.

– Desafortunadamente no hay forma en que puedas remediar todo el mal que has hecho. Por tu culpa, niños se han quedado sin comer, esposas se han quedado sin marido y tu pueblo se ha quedado sin quien los gobierne.

Eres muy distinto a tus padres. Ellos se preocupaban por el bienestar de sus gobernados, es por ello que cuando te eligieron rey, la gente no cabía de felicidad. Más tú te encargaste de acabar con esos cimientos que les costó tanto trabajo colocar.

Serás recordado como un opresor y estoy seguro de que ningún individuo derramará una sola lágrima por ti.

La muerte se llevó al monarca, dejando el cuerpo sin vida de este en el salón. Mientras las dos entidades flotaban con rumbo hacia el averno, el rey le dijo a la huesuda:

– ¡Ves! Te lo dije están llorando.

– Si, más sus lágrimas no son de pena, sino de regocijo por tu partida.

Author: Doris

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